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Matesanz teme la conversión de la Pasión en un “mero espectáculo” (El Adelantado de Segovia 13-III-2016)

El periodista recuerda en su pregón la sobriedad de la Semana Santa hace medio siglo y recalca que ahora hay “una Semana que es Santa para los católicos y de descanso para los demás”

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Los heraldos recorrieron el centro de la ciudad a caballo para convocar a los segovianos a escuchar el pregón de la Semana Santa en la Catedral. / Kamarero.
 
Los segovianos ya lucen sus medallas de cofrades; las palmas para el Domingo de Ramos están esperando en las floristerías; las torrijas se preparan, tentadoras, en las pastelerías y los churros vuelven a salir a la calle. Segovia ya suena a Semana Santa, ya respira Pasión en todos sus templos.
Y, como manda la tradición, ayer a las 18.00 horas los heraldos comenzaron su recorrido a caballo por el centro de la ciudad para anunciar el pregón de la Semana Santa, acompañados por las bandas de cornetas y tambores Nuestra Señora la Soledad Dolorosa, de Santa Eulalia, y ‘Félix Martín’ Cofradía de la Oración en el Huerto, de San Lorenzo. Una hora después, los cortejos tomaron posiciones en la Plaza Mayor y desde allí convocaron, como cada año, “al pueblo de Segovia a escuchar el pregón de la Semana Santa”, que en esta ocasión fue pronunciado por el periodista Alfredo Matesanz.
Antes recogió de manos del obispo, César Franco, las cubiertas bordadas que le acreditan como pregonero de la Pasión. Franco deseó a Matesanz y a los presidentes de todas las cofradías presentes en este momento, que los próximos días, “en los que actualizaremos los misterios de la muerte de Jesús, sean, para creyentes y no creyentes, motivo de paz y de misericordia y de todos los valores que quieren los hombres de buena voluntad”.

Miguel Hernández, presidente de la Junta de Cofradías, recordó que “la celebración de la Semana Santa es una de las tradiciones que más identifica a los segovianos (…) Y es también un tiempo para reflexionar” y animó a segovianos y visitantes a participar en los actos programados, porque “Segovia asume y se enorgullece de su Semana Santa”.
Matesanz, por su parte, como no podía se de otra forma, relató la transformación de la Pasión que ha visto y contado desde el micrófono de Radio Segovia durante los últimos 43 años. “Los que recordamos el ambiente tristón, lleno de belleza estética de Segovia a mediados del siglo pasado, aquellos via crucis de las tres de la tarde, aquellas radios transmitiendo el Sermón de las Siete Palabras, aquella procesión desolada y pobre de Jueves Santo y sus salmodias recurrentes… apenas reconocemos a la actual Segovia”, dijo.

Y es que, señaló, “estas manifestaciones de piedad popular no dejan de ofrecer una inquietante ambigüedad: sacan fuera del recinto de los templos el mensaje de la cruz que, sin la fidelidad del pueblo a sus tradiciones, no llegaría en estas fiestas a tantas gentes; pero, por otro lado, pueden convertirse en un puro y simple espectáculo. A los desfiles procesionales les amenaza el riesgo de convertirse en un simple espectáculo e, incluso, de servir a intereses no religiosos”.
“La Iglesia española haría bien en recuperar el espíritu evangélico que necesita la actual situación”, añadió, porque “ahora tenemos una Semana que es Santa para los católicos y de descanso para los demás. Ahora la palabra Pascua tiene muy distintos significados”. Aunque no dudó en reconocer que es “bienvenida” esta Semana Santa “de la sinceridad de los sentimientos. Preferimos esta época no demasiado triste a aquella definitivamente larga y de verdad triste. Porque el mensaje de Cristo es más permanente cuando se siembra en el querido e irrenunciable clima de la libertad”.
Tras las palabras de Matesanz, la Coral Ágora interpretó la pieza de Stabat Mater op. 138 de J.G. Rheinberger y así comenzó, de forma oficial, el tiempo de Pasión en la ciudad, que tiene hoy como acto central la IV Marcha Cofrade, organizada por la Cofradía de la Flagelación del Señor. Partirá a las 10.30 horas de la iglesia de Nueva Segovia y recorrerá la sede de todas las cofradías de la ciudad. La recaudación —la cuota de inscripción son seis euros— se destinará a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).