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Guillermo Herrero sostiene que la pérdida de la fe lleva a un empobrecimiento cultural (El Adelantado de Segovia 17-III-2016)

El periodista repasó algunas de las costumbres religiosas y profanas de la provincia y reclamó su documentación antes de que desaparezcan.

 

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El periodista Guillermo Herrero, durante su intervención ayer. / Juan Martín
 

Viejas costumbres religiosas y profanas de Semana Santa en la provincia de Segovia fueron ayer recordadas por el historiador y periodista de EL ADELANTADO Guillermo Herrero Gómez, quien reclamó la rápida documentación de estas tradiciones antes de que desaparezcan, pronosticando que muchas de ellas, si no se adaptan a los tiempos actuales, caerán en el olvido. En la conferencia que cerraba el ciclo anual organizado por la asociación cultural ‘Cristo de los Gascones’, Herrero defendió que la pérdida de la fe desemboca en un empobrecimiento cultural, ya que después de una primera fase de incredulidad, en la que se mantienen los ritos “por si acaso”, finalmente se acaban suprimiendo, al entender que no son necesarios, y ello supone el paulatino abandono de numerosas manifestaciones culturales directamente relacionadas, como los romances o las canciones, por citar dos ejemplos. Herrero arremetió contra la globalización, por la uniformidad que provoca, y que a su juicio “va en contra de la cultura, pero no de una concreta sino de todas”, pues “empuja a disolver la identidad de cada pueblo, en un proceso de alienación, para crear una supuesta ‘personalidad mundial’ que resulta fácilmente manipulable”. Entrando ya a enumerar esas viejas costumbres de Semana Santa, Herrero habló, en primer lugar, de las canciones religiosas de Cuaresma, hoy casi desaparecidas, que interpretaban las mujeres los domingos después de misa. Citó también la preparación de los ‘monumentos’ para tapar los retablos de las iglesias y la colocación de las sargas o cortinas. A ese respecto, aunque reconoció los esfuerzos de algunos pueblos, como Chañe, para recuperar su ‘monumento’, alertó sobre el mal estado en que se encuentra la mayoría de las sargas de Segovia, con excepciones como la de El Espinar. En el lado profano, sacó a relucir la elaboración en pueblos del nordeste, como Boceguillas, de limonada, bebida posiblemente relacionada con las procesiones de disciplinantes, y el juego de las chapas, practicado en Cuéllar y localidades como Sacramenia o Riaza. Del Viernes Santo, obviando las procesiones más afamadas, Herrero hizo especial hincapié en una muy humilde, la de Bernuy de Porreros, en la que los penitentes, muchas veces descalzos, arrastran enormes cadenas. De Bernuy también mencionó, por su interés, los cánticos de los hombres, atribuidos a Lope de Vega, advirtiendo de su similitud con los que se interpretan en Prádena. Con respecto al Sábado Santo, rememoró que, antaño, era ‘el día de la mora’, en el que los niños pasaban por todas las casas echando agua bendita, un uso ya extinguido, salvo en Muñoveros. “La noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección tuvo que haber ‘quemas del Judas’, como en las provincias colindantes, pero no he conseguido descubrir ninguna, su memoria debió perderse”, lamentó el historiador. En relación al Domingo de Resurrección, destacó, por su belleza, el canto de júbilo ‘Las Albricias’ por las llamadas ‘cillantas’, un grupo de nueve niñas riazanas. Y, a modo de curiosidad, señaló que en Sepúlveda, al Resucitado “se le lleva bailando”, en señal de alegría. Con la Resurrección se produce “una explosión gastronómica”, cuyo mejor ejemplo son las rosquillas de Rebollar. Apuntó que, en los primeros días de Pascua era típico pintar un huevo —símbolo de la Resurección— para después rodarlo, en numerosos pueblos de la zona de Cuéllar. “Este rito entró en declive hace ya muchos años, pero si se sigue manteniendo en Segovia es por el empeño de los búlgaros y rumanos, en cuyos países está todavía vigente”, concluyó Herrero.

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