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Mar

El perfume de Santa Eulalia (El Norte de Castilla 23-III-2016)

Una multitud arropa la Procesión y Oración de los Cinco Misterios

Los costaleros sacan a pulso de Santa Eulalia el trono del Cristo de la Esperanza. Rosa Blanco
Los costaleros sacan a pulso de Santa Eulalia el trono del Cristo de la Esperanza. Rosa Blanco

¡Hasta el cielo con él! Un cielo que no ha pasado la hoja invernal del calendario pero que al menos pudo estremecerse con el perfume primaveral de esperanza elevado por los costaleros que anoche portaron con devoción, esfuerzo y destreza el paso del Santo Cristo de la Esperanza. Tres golpes de martillo. Prestos a cumplir la orden. Otro golpe en el llamador. Los jaleos del capataz y con un seco movimiento alzaron el paso en la ‘levantá’ inicial de la Procesión y Oración de los Cinco Misterios, a la salida de la iglesia de Santa Eulalia

Esta vez sin lluvia y con el calor del fervor de la multitud que abrigó el paso de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad Dolorosa y Cofradía del Recogimiento. La cuadrilla cumplió con la liturgia de ajustarse las fajas, morcillas y costales antes de cargar con el enorme trono del Cristo de la Esperanza. Atronaron los tambores, y luego las cornetas de la banda de la hermandad. Y entonces el público irrumpió en el primero de los cálidos aplausos de admiración y reconocimiento.

La procesión siguió el itinerario previsto. Tras dejar atrás la portada del templo, el cortejo anunciado por el aroma a incienso se encaminó por José Zorrilla, la calle Puente Muerte y Vida hacia Somorrostro para volver a apretarse en la angosta Buitrago hasta detenerse en la Cruz de Piedra para conmemorar el segundo misterio. Luego, una nueva ‘levantá’ para retomar la marcha, en esta ocasión dedicada a los compañeros costaleros que hace unos años portaron por primera vez la talla del Cristo de la Esperanza, de autor desconocido y datada en el siglo XVII.

Al grito de «¡vamos a perfumar el cielo con la primavera de la esperanza!», la cuadrilla acercó el trono al firmamento para mecerlo a cada paso. La coreografía dibujó el ligero balanceo de la figura crucificada y de la melena del Cristo, acompasados a los arreones de los costaleros y a la música de la banda. Santa Eulalia vibró con su procesión de Martes Santo, que recaló en el convento de Santa Isabel, donde tuvo lugar el tercero de los cinco misterios. El vaivén enérgico pero comedido prosiguió hacia San Antonio el Real, lugar del cuarto misterio, y regresó al templo donde se ofició el quinto.

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